Entre las principales razones de la popularización y el éxito
de Internet está el hecho de ser una red abierta. Como el protocolo utilizado por los
ordenadores que se conectan a Internet, TCP-IP, es gratuito, cualquier red y
cualquier ordenador puede conectarse sin más costes que los de la conexión. No
hay ningún propietario de Internet, no hay ninguna autoridad central[1] que
pueda imponer un precio o unas condiciones diferentes de las estrictamente
técnicas. Hay cientos de millones de
usuarios de Internet[2]. El cálculo estadístico de cuántos individuos tienen
acceso a Internet ha perdido ya sentido. Hay clubes, cafés-Internet y
locutorios públicos gestionados por instituciones privadas o públicas en
ciudades de todo el mundo, incluyendo los países menos desarrollados, por lo
que son miles de millones los individuos que pueden en cualquier momento, por
un coste inferior a un euro, conectarse a Internet durante un rato. Esta
extraordinaria facilidad de acceso y popularidad es el principal atractivo desde
el punto de vista comercial pero también es la causa de que Internet esté
abierto a todo tipo de indeseables.
En realidad, cualquier calle comercial de cualquier ciudad
del mundo es también accesible a los malhechores. Cualquier transacción
económica realizada por medios tradicionales es susceptible de ser aprovechada
por los ubicuos amantes de lo ajeno. Las comunicaciones comerciales realizadas
por medios tradicionales, cartas o teléfono, son mucho más fáciles de
interceptar que las comunicaciones a través de Internet. Realizar actividades
delictivas a través de Internet requiere unos conocimientos técnicos sofisticados
que no están al alcance de cualquiera.Por otra parte, las posibilidades de
protección de las comunicaciones electrónicas son mucho mayores que las que
permiten los medios tradicionales. Hay programas de ordenador gratuitos y muy
fáciles de usar que permiten a cualquier usuario la encriptación de sus
mensajes de forma que queda plenamente garantizado que sólo el destinatario
podrá entenderlos. Los certificados y firmas electrónicas garantizan la
identidad de los sujetos con mucha mayor garantía que cualquier fedatario
tradicional. Los sistemas de almacenamiento de datos y su protección frente a
accidentes fortuitos o ataques intencionados son más fáciles, baratos y seguros
que las cajas fuertes o cámaras de seguridad.
Lo que ocurre es que no hay una “cultura” de la seguridad en
Internet. La sociedad en que vivimos nos ha enseñado desde que éramos niños
unas reglas básicas de protección de nuestras propiedades. El gesto de cerrar
la puerta de casa, los límites que nos imponemos a la cantidad de efectivo que
llevamos en el bolsillo, la forma en que reaccionamos cuando nos aborda un
extraño por la calle, son comportamientos que hemos aprendido a lo largo de
nuestra vida. En cambio nuestra experiencia con Internet es muy breve y ni
nuestros padres ni nuestros profesores nos dijeron nunca cómo debíamos
comportarnos en el ciberespacio.
La protección legal del comercio electrónico ha requerido
también la elaboración de nuevas normas. La protección frente a la publicidad
indeseada cuyo coste de transmisión recae sobre el consumidor requiere ahora un
tratamiento diferente que cuando el
coste recaía exclusivamente sobre el anunciante. El reconocimiento jurídico de
las firmas electrónicas y del arbitraje electrónico en los países de la Unión
Europea ha establecido un marco legal que garantiza la calidad de los
certificados y agiliza los trámites judiciales. Los gobiernos de todo el mundo
están interesados en promover el desarrollo del comercio electrónico por lo que
están impulsando reformas legales y fiscales que permiten y agilicen las
transacciones a través de Internet.
La seguridad en Internet y las leyes que la protegen, están
basadas principalmente en los sistemas de encriptación. Esos sistemas son los
que permiten que las informaciones que circulan por Internet sean
indescifrables, ininteligibles, para cualquier persona que no sea aquella a la
que va destinada.
En este módulo explicamos de forma sencilla esos sistemas de
encriptación y su utilización en los medios de pago a través de Internet. No es
nuestro objetivo que el alumno se convierta en un "experto en
seguridad" sino tan solo que comprenda de forma general cómo funcionan
esos mecanismos, tenga confianza en ellos y sea capaz de usarlos.
[1] El ICANN, lo más parecido a una “autoridad central” en
Internet es tan solo un órgano de gestión administrativa que no puede impedir a
ninguna persona o institución el acceso a Internet ni legal ni técnicamente.
Para mayor información sobre ICANN en español ver
http://www.icann.org/tr/spanish.html
Las Redes Sociales by vanessa torrado on Scribd
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